Siempre me ha gustado tener varios nombres y, como he viajado tanto a lo largo de mi vida, he sido muchas.
Me infiltré en las humanidades por infidelidad hacia mi misma. Sin saber que estudiar, sin saber quien era, me dejé llevar. Soy Colombiana como un buen buñuelo, pero crecí en Santiago de Chile, donde meter queso en el chocolate es una monstruosidad. Soy migrante hasta la médula.
Si has crecido en un lugar donde cuando sales a la calle se habla un lenguaje diferente (y no solo idioma, te hablo de lenguajes varios: mentalidad, cultura, infraestructura. chistes, costumbres) al que percibes en tu propia casa, bueno, bienvenida rareza humana, porque te lo digo y no te lo vuelvo a repetir: el 95%-96% de las personas viven en el país donde nacieron.
Así que ser del 4% es raro…
Porque sí, al menos yo siempre me sentí rara; especial, a veces, pero siempre rara. Cuando hacíamos entrevistas en el colegio y las poníamos frente a la clase, escuchaba mi acento, era diferente. No tenía juicio al respecto, solo sabía que era de las pocas estudiantes extranjeras del colegio. No era del común.
Mi mamá tampoco me ayudaba mucho. En Chile era, al parecer, muy natural que las mamis se juntaran los viernes a «tomar once», una cena que no es cena, es más como un desayuno. Mi mamá nunca fue. Y yo intenté ir varias veces por mi cuenta, pero me cansé de sentirme, de nuevo, la extraña. La que viene sin mamá. Así que me conformé con volver los lunes a escuchar con fastidio hablar a mis amigas de todas sus aventuras donde yo no había estado.
No me sentí excluida, siempre bailé y actúe. Tenía mi grupo de amigas, extrañas como yo, a su manera. Pero era yo. Expresiva, al menos hasta entonces.Me quería.
Cerraron nuestro colegio, lo vendieron. Y ahí todo cambió. Me intentaron hacer bullying en mi nuevo colegio, yo respondía con rebeldía, nunca respete a nadie por el hecho de que tuviera un cargo, yo sentía tu energía e, impulsivamente, me dejaba llevar por ello. Fue ingenuamente una manera de protegerme. Fue en este momento de mi vida donde empecé a querer ser otra. Me fui por primera vez infiel. Creo que he sido infiel a mi misma al menos un 90% desde entonces.Me perdí en las nubes de mi cabeza, que hasta hoy he logrado disipar, al menos un poco.
Bueno, ahora que volví a conquistarme, que volví a ser ESTÚPIDAMENTE YO. que he entendido que no puedo ser todo lo que quiero, pero si ABSURDAMENTE YO MISMA, sé que soy lo que soy y ya no intento ser escritora, encuadernadora o artista. Ahora soy solo una mujer que le gusta escribir, le gusta hacer libros y que sueña con saber tener su propia editorial creativa llamada Azul Perenne. También me gusta dar besos, me encanta abrazar y observar a través de las ventanas cómo vive la gente en la ciudad.
Decidí abandonar la escuela a mis 16 años. Le dije: mamá, quiero conocer el mundo. Mi mamá es medica, mi familia es exitosa. Yo sé que voy por buen camino, porque nunca quise ser como mi madre, me encanta la academia, me encanta aprender y estudiar, pero no soporto los ritmos acelerados, porque yo prefiero ir profundo que llegar lejos.
«Bueno haz lo que tu quieras, pero yo no voy a ir a hablar por ti con el director». Y así, me vi frente a ese señor que poco estaba visible en el colegio público que fue el único que me aceptó en mi rebeldía. Y allí, recibí el primer aire, era yo, un poco. Las marchas, los debates, la paz y la anarquía, la defensa por la autoeducación, métodos de aborto natural y danza.
Seis meses antes que mis compañeras cerré con un absoluto SÍ hacia mi libertad, sin fiesta de graduación, pero al otro lado del charco, sola , conmigo misma y el mundo, mi etapa escolar que tanto odié.
Ya han pasado 11 años desde entonces.
Siempre me costó comprender la idea de hogar. El misterio siempre se ha sentido como uno para mí. Gracias a lo que he aprendido a leer detrás de lo visible, mientras me he movido en arenas movedizas, buscándome, desde que me perdí. Hoy soy una mujer capaz de generar mundos desde lo invisible. Ok puede sonar extraño, lo sé, pero si te quedas, te lo contaré y te enseñaré cómo hacerlo.
En Azul. somos una editorial creativa donde nuestra columna vertebral es la naturaleza, el horror neogótico, la ignorancia, la palabra y sus diferentes manifestaciones, símbolos y creencias. Creemos en la libertad de la educación. En la educación por diversión y en la construcción de libros raros, únicos e irrepetibles como una muestra de resistencia hacia un sistema que no nos representa. No nos interesa ser best seller. Nos interesa tocar mundos capaces de leernos con los ojos cerrados.
Hoy vivo en Nueva York. Después de mi intento por estudiar relaciones internacionales, estudié Ingeniería en Expediciones y Ecoturismo donde me enfrenté con el culo desnudo ante la naturaleza, diabólica y hermosa en todo su esplendor. Fue ella quien me llevó a querer indagar en mi cuerpo, parte del mismo gran cosmos. Empecé por estudiar Ayurveda, Yoga y Fitoterapia energética. Hoy me dedico a la escritura, al yoga como un acto de rebeldía aquí en la gran manzana. Di clases de yoga a niños y personas en situación de calle. Hay una parte de mi que necesita sentirse parte de algo más grande que mi misma. Confío en mi método, porque no lo aprendi dentro de una sala de clases, llevo más de 10 años explorando el mundo, la oscuridad, la humanidad y su comunidad.
Únete si te resuena ser parte de un ecosistema simbólico, racional y sensible. Aquí el lenguaje es efímero y profundo.
Trabejamos con procesos creativos que nos ayudan a conectar a tierra. Azul es un lugar para brindarle diversión y juego a las mentes nubladas, cansadas y confundidas.
Si buscas libros y experiencias que despierten tu mundo interno y conecten lo simbólico con lo real, Azul Perenne es para ti