Bitácora 𖤓 Nueva York · Capítulo I
La ciudad del resplandor

Siempre lo he vivido como una exploración infinita. He entendido que aquí llegan personas que ya saben muy bien lo que son y vienen a este lugar a compartirlo, a expandirlo, a habitar lo que es de ellos. Otros somos arrastrados por el viento, nos plantamos en este espacio para habitar la chispa de encontrarnos.
No quiero irme, quiero volar, quiero salir volando. Porque tengo unas alas en forma de raíz, que he ido construyendo poco a poco, sintiendo cada día en la ciudad del resplandor, el de almas de mandíbulas inquietas que hablan con el sentir. Recuerdo los primeros días caminando por la ciudad, cómo sentí el suelo y percibí la ciudad creciendo hacia abajo, muy profundo, incalculable. Caminas y ves lo lúgubre de las sombras y quienes se ocultan en ellas, o más bien, dejan que las sombras les alumbren el escenario, gritan y revolotean de aquí para allá, y si escuchas con atención sintonizas con el mensaje de la obra, una demasiado neopolítica que llega a dar risa y tristeza hasta que los ojos se humedecen y caen lágrimas llenas de sal, así que echas tu cabeza hacia atrás para humedecer tus orejas y comienzas a escuchar el sonido del mar en ellas. Abres los ojos y ves cómo el cielo se conquista también por los edificios y todos los espíritus que cuidan de las luces, que cuidan de todos los que estamos aquí sintiéndolo todo. De manera abominable, estamos en un árbol de cemento, una selva, la gran selva, el calor húmedo en nuestra piel los días de verano, el olor a basura, a carne muerta de todas las especies, marihuana y sudor de todos los colores.
Luego la gran muerte, el tormento de la ida del sol y el anochecer prematuro cubriendo la ciudad. Nos congelamos los huesos y el cerebro por fin no tiene energía para pensar, pero aquí nada para, eso es una ilusión. Es absurdo cómo todo muere y nace. Timi me dijo que era un vortex, que lo chupaba todo y volvía a escupirlo, alquimizado: me habló de un portal que secuestraba niños en Times Square, o bueno, tal vez esos sí eran humanos de carne y hueso..
Bienvenidos a la ciudad donde todas somos gotas chispeantes en el océano, es decir, inmensos como el mismo…
Azul.